EL CASO DE IDUBEDA.-Reiteramos en primer lugar la “Conclusión” para la etimilogía de IDUBEDA, con que terminábamos el anterior artículo de este mismo epígrafe, que podríamos considerar como el (I). Dedicamos esta segunda parte (II) a OROSPEDA porque creemos que se impone un tratamiento separado, al tratarse de raíces originarias distintas:
”Preferimos la etimología indoeuropea para Idubeda: Si IDU (de raíz indoeuropea) evoca montes altos y cubiertos de bosques y BEDA (tanto de raíz vasca como también indoeuropea) alude a entrada, paso, camino, puerto, canal, etc., IDUBEDA sería la Cordillera de las cumbres boscosas (sagradas) y los (numerosos y grandes) puertos que la cruzan. El nombre de los puertos por los que se atraviesa la sierra han dado su nombre a los montes contiguos: comparar entre otros muchos Somosierra (sierra y puerto), Guadarrama (sierra y puerto)”.
Por otro lado, cabe una relación etimológica del primer elemento Idu con el Ida de la mitología y la literatura griega (tanto el Monte Ida frigio (1774 m de altitud), como la sierra Lévka Óri, en Creta (con el Monte Ida de 2456 m. como pico más alto y la Gruta Ida), cuyo nombre IDA significaba en griego directamente sierra con bosques, monte, madera (Diccionario Griego-Español SPES), si bien, puede ser la raíz id- de origen pre-griego. Probablemente en el III-er millenio a.C. la lengua tracia formaba un estrecho grupo con el Báltico, el Dacio y las lenguas "Pelásgicas" pre-griegas. (Ivan Duridanov, internet)
EL CASO DE OROSPEDA.- El íbero beda, los vascos bede y bide, camino, y el indoeuropeo (bhedh-1) son verosímilmemte antiguos cognatos, o bien, préstamos o palabras viajeras, pero esta consideración sólo sería aplicable a –beda como segundo elemento de Idubeda, en ningún caso a -peda, segundo elemento de Orospeda.
En opinión de Rafael Lapesa, idi-bide sería ‘camino de los bueyes’ y orotz-pide ‘camino de los terneros’ y existe algún comentario al respecto considerando normal que “b” se asimila a “p” después de “s”. Por consiguiente, siempre según Lapesa, la solución vasca sería satisfactoria no sólo para Idubeda sino también para OROSPEDA, reputando idéntico el segundo elemento en ambos orónimos.
Pero resulta que es evidente y diáfano el origen griego:
Los dos componentes, tanto Oros como Peda literalmente son palabras griegas, léxico común de lectura directa:
Como étimo del primer elemento sería posible y suficiente la muy conocida Óros, -eos, -ous (neutro) que es monte, montaña, altura, pero nos parece aún más adecuada la siguiente:
Óros, -ou (masculino) que es límite, frontera, mojón, término, fin, etc.
Para el segundo elemento, proponemos su identidad con Pedíon, -ou (neutro), o mejor aún, pédon, -ou (neutro), (péda, en plural) o pediás, pediádos, que significan llanura(s), campo, tierra cultivada, región, término. Oros-peda sería “el límite de las llanuras o de los campos”, “límite o fin de las regiones llanas”.
Desde otro étimo griego, la variante “Orthospeda” tiene un significado similar al anterior:
Ta orthia (neutro plural), la región que asciende hacia los montes.
Orthion (neutro singular), hacia arriba, camino escarpado.
Para esta variante, Ortos-peda sería “la región que asciende abruptamente hacia los montes desde las llanuras”.
Realmente la Orospeda es la cordillera-límite meridional de las grandes llanuras de la Meseta del Sur,
(Véase en el Diccionario Griego-Español SPES Pabón-Echauri).
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lunes, 23 de noviembre de 2009
sábado, 13 de junio de 2009
IDUBEDA, OROSPEDA Y BERYBRACES
Ya fue reconocible la presencia celta en la costa mediterránea desde muy antiguo en la tribu de los Beribraces, citados en la Ora Marítima de Rufo Festo Avieno, también reseñados por Éforo pero con la variante de bébrices, de ocupaciones esencialmente pastoriles, llamados así “pueblos del castor” en su origen, en alusión probablemente a un viejo totemismo, como también ocurre con una serie de otros pueblos, p. ej.:
Bysnaioi (Stephan de Byzancio), que fueron una parte de los Bebrykes; el nombre significaba ‘cabras’. Comparemos con el Indo-Romaní Chibango buzno [persa, indio, romaní] = he-goat, macho cabrío, buzni [per, hnd, rom] = she-goat. ‘cabra’, el Avéstico b za- ‘cabra’ - del Indo-Europeo *bh g’o-s.
gobhar, gabro- (Br, Gaul), Angl gaber, -gour, ?-gover; gen pl g(h)obhar (1) goat (2) (Gaul) steed
La celticidad de los beribraces, tras la inevitable polémica, fue finalmente establecida por Pokorny, quien determinó su nombre original de bebryaces.
DEL DICCIONARIO DE POKORNY, ART Nº....- ai. babhru/-h. `rotbraun; grose Ichneumonart', av. bawra-, bawri- `Biber'; lat. fiber, fibri: `Biber' (auch feber s. WH. I 491; wohl i geneuert für e, wie auch) kelt. (nur in Namen): *bibros, *bibrus in gall. ON und FlussN Bibracte, abrit. VN Bibroci, mir. VN Bibraige (*bibru-ri:gion), PN Bibar (*Bibrus) neben *bebros in gall. FlussN *Bebra:, frz. Bièvre; Bebronna:, frz. Beuvronne, Brevenne usw. ; ahd. bibar, ags. beofor (ältest bebr), mnd. bever, aisl. bio:rr ds. (urg. *eru-); vgl. auch nhd. FlussN Bever, alt Biverna;
lit. be~bras, ba~bras, be~brus ds. (dissimil. debru\s u. dgl. ), apr. bebrus ds. ; über lit. brui~s^is usw. `leuciscus rutilus', apr. brun-se ds. s. Specht Dekl. 120; slav. *bebrú in poln. FlussN Biebrza, russ. usw. bobr (zur o-Red. s. Berneker 47; daneben vielleicht *búbrú in skr. dabar `Biber' und aruss. bebrjanú `aus Biberpelz'). Vgl. noch lat. fibri:nus `vom Biber', volsk. Fibre:nus Bachname, av. bawraini- `vom Biber'; ahd. bibari:n, gall. bebrinus (Schol. Iuv. ), lit. be~brinis ds.
Semejante al lituano b brus, b bras, en antiguo prusiano bebrus, al eslavo *bebr en el nombre del pueblo búlgaro de Bebrovo, el antiguo alto-germano bibar, etc., de la raíz IE *bhebhru-s, resp. -o-s. (Ivan Duridanov)
Son homónimos suyos en Irlanda los Bibraige (la terminación –raige, 'el pueblo de'), los Bibrioici de la Armorica, los Bibroques o Bibroci de Gran Bretaña, Berkshire cerca del Támesis (Kruta), así como los Bébrykes de Bitinia (Apolonio de Rhodas, Teókcrito, etc., según cita Ivan Duridanov) y de ambos lados del Bósforo y de la Propóntide (Mar de Mármara), y los Bébryces de la Galia meridional, que han dejado numerosos topónimos tadavía actuales en Francia:
Bebrona, hoy La Brevenne, afluente del Saona, con el sufijo –ona, río (donde viven los castores), en Francia.
La Motte Bevron en Francia.
Le Mont Beuvray, Bibracte. en Francia.
La Bièvre, en Francia.
Le Beuvron, en Francia.
La Beuvronne, en Francia.
Biebrza, en Polonia
En alemán biberpelz es “piel de castor”. Biberpelz, The Beaver Coat, El Abrigo de Castor, es el título de un drama satirico naturalista de Gerhart Hauptmann, del siglo XVIII.
Fibrenus, nombre de arroyo (Bachname)
Bever, nombre de un río, antiguo Biverna, en Hannover, Alemania;
Bibrax, de la forma latina Biber, oppidum Saint-Thomas, Vieux-Laon. en Francia.
Los nombres de los brigios de Iliria, los brucios del Sur de Italia y los frigios, pueden estar lingüísticamente emparentados con los anteriores.
Une serie de elementos de aspecto céltico, consistentes en teónimos, en topónimos, en etnónimos, en antropónimos, en hechos teológicos y legendarios, en una extraordinaria tradición iconográfica, en fin, en datos etnográficos sugestivos, permite desvelar una presencia céltica en cuatro (...) pueblos antiguos del noroeste de Anatolia, anteriores a la colonización griega. Debieron de penetrar en Anatolia en el siglo VIII, o sea cinco siglos antes que los Gálatas. (Pierre Jacob)
La costa en torno al cabo de la Nao se encuentra enfrente de las islas de Ibiza y Formentera, que llevaban antiguamente el nombre de Pityussas, exactamente igual que la región habitada por los Bebrykes del rey Mandron, que acogió a los focenses y les concedió la tierra sobre la que fundaron Lampsaco.
Difficile perciò resistere alla tentazione di individuare negli stessi Focei i responsabili del mutamento onomastico che condusse una popolazione iberica ad assumere il nome di una gente che abitava le coste della Propontide.
Con el nombre de los Beribraces nos llegó o se mantuvo una salpicadura indoeuropea en nuestra coosta mediterránea.
B.- Opinamos que Idubeda y Orospeda no son cognatos entre sí y que debemos abordar por tanto su estudio por separado:
IDUBEDA.- Según Estrabón, “inter Idubedam et Pyraenem Iberus fluvius labitur, parallelos utrique montium.” Cuidado con esta versión latina; el texto de Estrabón es griego. (Ebro equidistante de ambos montes, aunque éstos no sean paralelos entre sí y puedan formar un cierto ángulo; “parallelos” es nominativo singular y se refiere al río).
“Esta cordillera de los romanos es la que empieza en los montes de Oca y Sierra de la Demanda y corre recta al S.O. hasta Peña Golosa, elevado monte de cerca de 2000 m., que rodean el Mijares y sus afluentes (Monlleó y Villahermosa).
Por su singularidad añadimos unas notas sobre algunos cognatos y la etimología del río Ebro:
Ivan Duridanov: the Thracian river name Hebros and the Illyrian river name Hebros (in Albania):
Hebros (Hdt., Thuk., Eurip., etc.), Hebrus (Plin., Verg., Ovid.) - the modern Marica river. The old name is preserved in the upper course as Ibr and also in the village name of Poibrene, Panagjurishte district. Other identical names are: Ibar, Morava’s tributary in Serbia, the Old-Bulg. Ibr; Ibr, Teterev’s tributary in the Northern Ukraine near Kiev, which is obviously of non-Slavic origin.; Ibru (river) in Romania. The Bulg. Obr (from Thracian) and the Serbian Ibar (probably of Illyrian origin) are derived from an earlier form *Ibr.
Apparently, it was an identical form in various IE languages - Thracian, Illyrian, Dacian, etc. As the short e in foreign names cannot produce -i- in Bulgarian, Serbian, etc., we must assume the Greek rendering with e was incorrect, living aside the added initial H-. The forms Ibr, Ibar, Ibr can be derived: from the IE *Eibhro-s, assuming the diphthong ei was monoftongisied in Slavic in a long i; or from the IE *Jbhro-s, leading to the Slavic *Jbr = *Ibr. The Thracian name obviously had a diphthong in the beginning. It can be supposed it is derivative from the IE stem *eibh- in the Pelasgian (pre-Greek) eib ‘to drip, to spill’ and ‘to flow’, which looks plausible for a river name. Nonetheless the interpretation of this name is still unclear.
There are single parallels with other Indo-European languages as the Tokharian ri (A), riye (B) 'a town' and the Thracian -bria. En todo caso el número de paralelos Traco-Bálticos es impresionante.
Diferentes opiniones y propuestas etimológicas:
1.- Origen vasco de los nombres.
“Los nombres prerromanos de la cordillera Ibérica, Idubeda, y de Sierra Morena, Orospeda, han recibido explicación satisfactoria por etimología vasca (idi-bide ‘camino de los bueyes’ y orotz-pide ‘camino de los terneros’)”, según Rafael LAPESA, Historia de la lengua española, #3.5. Es ésta una opinión que, como es obvio, nos merece el máximo respeto, dada la relevancia de su autor).
También en internet, se pueden encontrar ideas similares, según las cuales, Idubeda sería de etimología vasca: el ibérico *beda, que se encuentra en la antigua toponimia hispánica (Idubeda, Laurbeda, Or(t)ospeda), viene del Proto-Vasconico *h_wat'a 'paso de montaña'… roncalés bede 'puerta', que parece ser un préstamo del ibérico. (oalexandre, Foro Celtiberia)
Note the similarity between Basque bedagin/bedegin "witch" (literally "gatekeeper"?) and the Iberian deity Ataecina/Adaegina "gatekeeper (to the underworld)". Bedagin/bedegin was probably an unrecorded deity. (Internet, Angus J Huck)
Roncal Bedagin-pikoa was the site of the local akelarre
Idmon a seer, one of the Argonauts: Apollod. 1.9.22 (visionario, inspirado, profeta)
2.- Origen indoeuropeo.
Jeromor (Foro Celtiberia) ha propuesto para el segundo elemento "la raíz indoeuropea bhedh-1, galo: bedo ‘canal, trinchera’ la posibilidad de que el nombre de los puertos por los que se atraviesa la sierra le hayan dado el nombre a la cordillera: sierra y puerto de Somosierra, sierra y puerto de Guadarrama, entre otros.
Por otra parte, Idúbeda ha designado tanto un río como una montaña.
Idmon a seer, one of the Argonauts: Apollod. 1.9.22 (visionario, inspirado, profeta).
(Cierzo, en el foro Celtiberia, considera esta raíz (bhedh-1) emparentada con nuestro "vedado" que viene del "vetare" latín - vedar en castellano en su segunda acepción de "Impedir, estorbar o dificultar" (límites, trincheras, montañas).
Ver Pokorny
El íbero beda, los vascos bede y bide, camino, y el indoeuropeo (bhedh-1) son verosímilmemte cognatos. Pueden ser préstamos o palabras viajeras.
Por otro lado, cabe una relación etimológica del primer elemento Idu con el Ida de la mitología y la literatura griega (tanto el Monte Ida frigio (1774 m de altitud), como la sierra Lévka Óri, en Creta (con el Monte Ida de 2456 m. como pico más alto y la Gruta Ida), cuyo nombre IDA significaba en griego directamente sierra con bosques, monte, madera (Diccionario Griego-Español SPES), si bien, puede ser la raíz id- de origen pre-griego. Probablemente en el III-er millenio a.C. la lengua tracia formaba un estrecho grupo con el Báltico, el Dacio y las lenguas "Pelásgicas" pre-griegas. (Ivan Duridanov, internet)
La raíz *id- estuvo muy extendida por Oriente Medio e incluso utilizada en nombres de persona: Idmon en Argonautas: Apollodoro 1.9.22 (visionario, inspirado, profeta), Idaea una ninfa: Apollodoro 3.11.2, Idaea-2 hija de Dardanus. Homero se refería al monte «Ida de mil fuentes y numerosos animales salvajes».
Nos dice Estrabón que, doblando el promontorio de Lecto, se extiende el golfo Ideo o golfo Adramiteno, que está limitado por los promontorios opuestos de Gárgara y Pirra. El promontorio que avanza en Tróade es llamado Lecto, situado en la travesía costera desde Ténedos hasta Lesbos.
También en Tracia se da este topònimo:
Ide (Skyl.) – ciudad del Quersoneso Tracio (Galipoli). Se explica por la forma IE *uidhu- ‘árbol, bosque’ en Antiguo-Ir. fid, genitivo fedo ‘árbol, árboles, bosque’, el Antiguo Islandés. vidr ‘bosque, árboles, árbol’, el Antiguo alto-alemán witu, wito ‘árbol’. La inicial “v” desapareció bajo la influencia griega. Idmon, antes mencionado, “visionario, inspirado, profeta” sería, como druida, de esta misma raíz.
Idakos (Tucídides) – otra ciudad del Quersoneso Tracio. De *Vidak-, derivado del mismo *uidhu- ‘.
3.-Resumiendo (conclusión):
Preferimos la etimología indoeuropea.Si IDU (de raíz indoeuropea) evoca montes altos y cubiertos de bosques y BEDA (tanto de raíz vasca como también indoeuropea) alude a entrada, paso, camino, puerto, canal, etc., IDUBEDA sería la Cordillera de las cumbres boscosas (sagradas) y los puertos que la cruzan. El nombre de los puertos por los que se atraviesa la sierra han dado su nombre a los montes contiguos: comparar entre otros muchos Somosierra (sierra y puerto), Guadarrama (sierra y puerto).
Bysnaioi (Stephan de Byzancio), que fueron una parte de los Bebrykes; el nombre significaba ‘cabras’. Comparemos con el Indo-Romaní Chibango buzno [persa, indio, romaní] = he-goat, macho cabrío, buzni [per, hnd, rom] = she-goat. ‘cabra’, el Avéstico b za- ‘cabra’ - del Indo-Europeo *bh g’o-s.
gobhar, gabro- (Br, Gaul), Angl gaber, -gour, ?-gover; gen pl g(h)obhar (1) goat (2) (Gaul) steed
La celticidad de los beribraces, tras la inevitable polémica, fue finalmente establecida por Pokorny, quien determinó su nombre original de bebryaces.
DEL DICCIONARIO DE POKORNY, ART Nº....- ai. babhru/-h. `rotbraun; grose Ichneumonart', av. bawra-, bawri- `Biber'; lat. fiber, fibri: `Biber' (auch feber s. WH. I 491; wohl i geneuert für e, wie auch) kelt. (nur in Namen): *bibros, *bibrus in gall. ON und FlussN Bibracte, abrit. VN Bibroci, mir. VN Bibraige (*bibru-ri:gion), PN Bibar (*Bibrus) neben *bebros in gall. FlussN *Bebra:, frz. Bièvre; Bebronna:, frz. Beuvronne, Brevenne usw. ; ahd. bibar, ags. beofor (ältest bebr), mnd. bever, aisl. bio:rr ds. (urg. *eru-); vgl. auch nhd. FlussN Bever, alt Biverna;
lit. be~bras, ba~bras, be~brus ds. (dissimil. debru\s u. dgl. ), apr. bebrus ds. ; über lit. brui~s^is usw. `leuciscus rutilus', apr. brun-se ds. s. Specht Dekl. 120; slav. *bebrú in poln. FlussN Biebrza, russ. usw. bobr (zur o-Red. s. Berneker 47; daneben vielleicht *búbrú in skr. dabar `Biber' und aruss. bebrjanú `aus Biberpelz'). Vgl. noch lat. fibri:nus `vom Biber', volsk. Fibre:nus Bachname, av. bawraini- `vom Biber'; ahd. bibari:n, gall. bebrinus (Schol. Iuv. ), lit. be~brinis ds.
Semejante al lituano b brus, b bras, en antiguo prusiano bebrus, al eslavo *bebr en el nombre del pueblo búlgaro de Bebrovo, el antiguo alto-germano bibar, etc., de la raíz IE *bhebhru-s, resp. -o-s. (Ivan Duridanov)
Son homónimos suyos en Irlanda los Bibraige (la terminación –raige, 'el pueblo de'), los Bibrioici de la Armorica, los Bibroques o Bibroci de Gran Bretaña, Berkshire cerca del Támesis (Kruta), así como los Bébrykes de Bitinia (Apolonio de Rhodas, Teókcrito, etc., según cita Ivan Duridanov) y de ambos lados del Bósforo y de la Propóntide (Mar de Mármara), y los Bébryces de la Galia meridional, que han dejado numerosos topónimos tadavía actuales en Francia:
Bebrona, hoy La Brevenne, afluente del Saona, con el sufijo –ona, río (donde viven los castores), en Francia.
La Motte Bevron en Francia.
Le Mont Beuvray, Bibracte. en Francia.
La Bièvre, en Francia.
Le Beuvron, en Francia.
La Beuvronne, en Francia.
Biebrza, en Polonia
En alemán biberpelz es “piel de castor”. Biberpelz, The Beaver Coat, El Abrigo de Castor, es el título de un drama satirico naturalista de Gerhart Hauptmann, del siglo XVIII.
Fibrenus, nombre de arroyo (Bachname)
Bever, nombre de un río, antiguo Biverna, en Hannover, Alemania;
Bibrax, de la forma latina Biber, oppidum Saint-Thomas, Vieux-Laon. en Francia.
Los nombres de los brigios de Iliria, los brucios del Sur de Italia y los frigios, pueden estar lingüísticamente emparentados con los anteriores.
Une serie de elementos de aspecto céltico, consistentes en teónimos, en topónimos, en etnónimos, en antropónimos, en hechos teológicos y legendarios, en una extraordinaria tradición iconográfica, en fin, en datos etnográficos sugestivos, permite desvelar una presencia céltica en cuatro (...) pueblos antiguos del noroeste de Anatolia, anteriores a la colonización griega. Debieron de penetrar en Anatolia en el siglo VIII, o sea cinco siglos antes que los Gálatas. (Pierre Jacob)
La costa en torno al cabo de la Nao se encuentra enfrente de las islas de Ibiza y Formentera, que llevaban antiguamente el nombre de Pityussas, exactamente igual que la región habitada por los Bebrykes del rey Mandron, que acogió a los focenses y les concedió la tierra sobre la que fundaron Lampsaco.
Difficile perciò resistere alla tentazione di individuare negli stessi Focei i responsabili del mutamento onomastico che condusse una popolazione iberica ad assumere il nome di una gente che abitava le coste della Propontide.
Con el nombre de los Beribraces nos llegó o se mantuvo una salpicadura indoeuropea en nuestra coosta mediterránea.
B.- Opinamos que Idubeda y Orospeda no son cognatos entre sí y que debemos abordar por tanto su estudio por separado:
IDUBEDA.- Según Estrabón, “inter Idubedam et Pyraenem Iberus fluvius labitur, parallelos utrique montium.” Cuidado con esta versión latina; el texto de Estrabón es griego. (Ebro equidistante de ambos montes, aunque éstos no sean paralelos entre sí y puedan formar un cierto ángulo; “parallelos” es nominativo singular y se refiere al río).
“Esta cordillera de los romanos es la que empieza en los montes de Oca y Sierra de la Demanda y corre recta al S.O. hasta Peña Golosa, elevado monte de cerca de 2000 m., que rodean el Mijares y sus afluentes (Monlleó y Villahermosa).
Por su singularidad añadimos unas notas sobre algunos cognatos y la etimología del río Ebro:
Ivan Duridanov: the Thracian river name Hebros and the Illyrian river name Hebros (in Albania):
Hebros (Hdt., Thuk., Eurip., etc.), Hebrus (Plin., Verg., Ovid.) - the modern Marica river. The old name is preserved in the upper course as Ibr and also in the village name of Poibrene, Panagjurishte district. Other identical names are: Ibar, Morava’s tributary in Serbia, the Old-Bulg. Ibr; Ibr, Teterev’s tributary in the Northern Ukraine near Kiev, which is obviously of non-Slavic origin.; Ibru (river) in Romania. The Bulg. Obr (from Thracian) and the Serbian Ibar (probably of Illyrian origin) are derived from an earlier form *Ibr.
Apparently, it was an identical form in various IE languages - Thracian, Illyrian, Dacian, etc. As the short e in foreign names cannot produce -i- in Bulgarian, Serbian, etc., we must assume the Greek rendering with e was incorrect, living aside the added initial H-. The forms Ibr, Ibar, Ibr can be derived: from the IE *Eibhro-s, assuming the diphthong ei was monoftongisied in Slavic in a long i; or from the IE *Jbhro-s, leading to the Slavic *Jbr = *Ibr. The Thracian name obviously had a diphthong in the beginning. It can be supposed it is derivative from the IE stem *eibh- in the Pelasgian (pre-Greek) eib ‘to drip, to spill’ and ‘to flow’, which looks plausible for a river name. Nonetheless the interpretation of this name is still unclear.
There are single parallels with other Indo-European languages as the Tokharian ri (A), riye (B) 'a town' and the Thracian -bria. En todo caso el número de paralelos Traco-Bálticos es impresionante.
Diferentes opiniones y propuestas etimológicas:
1.- Origen vasco de los nombres.
“Los nombres prerromanos de la cordillera Ibérica, Idubeda, y de Sierra Morena, Orospeda, han recibido explicación satisfactoria por etimología vasca (idi-bide ‘camino de los bueyes’ y orotz-pide ‘camino de los terneros’)”, según Rafael LAPESA, Historia de la lengua española, #3.5. Es ésta una opinión que, como es obvio, nos merece el máximo respeto, dada la relevancia de su autor).
También en internet, se pueden encontrar ideas similares, según las cuales, Idubeda sería de etimología vasca: el ibérico *beda, que se encuentra en la antigua toponimia hispánica (Idubeda, Laurbeda, Or(t)ospeda), viene del Proto-Vasconico *h_wat'a 'paso de montaña'… roncalés bede 'puerta', que parece ser un préstamo del ibérico. (oalexandre, Foro Celtiberia)
Note the similarity between Basque bedagin/bedegin "witch" (literally "gatekeeper"?) and the Iberian deity Ataecina/Adaegina "gatekeeper (to the underworld)". Bedagin/bedegin was probably an unrecorded deity. (Internet, Angus J Huck)
Roncal Bedagin-pikoa was the site of the local akelarre
Idmon a seer, one of the Argonauts: Apollod. 1.9.22 (visionario, inspirado, profeta)
2.- Origen indoeuropeo.
Jeromor (Foro Celtiberia) ha propuesto para el segundo elemento "la raíz indoeuropea bhedh-1, galo: bedo ‘canal, trinchera’ la posibilidad de que el nombre de los puertos por los que se atraviesa la sierra le hayan dado el nombre a la cordillera: sierra y puerto de Somosierra, sierra y puerto de Guadarrama, entre otros.
Por otra parte, Idúbeda ha designado tanto un río como una montaña.
Idmon a seer, one of the Argonauts: Apollod. 1.9.22 (visionario, inspirado, profeta).
(Cierzo, en el foro Celtiberia, considera esta raíz (bhedh-1) emparentada con nuestro "vedado" que viene del "vetare" latín - vedar en castellano en su segunda acepción de "Impedir, estorbar o dificultar" (límites, trincheras, montañas).
Ver Pokorny
El íbero beda, los vascos bede y bide, camino, y el indoeuropeo (bhedh-1) son verosímilmemte cognatos. Pueden ser préstamos o palabras viajeras.
Por otro lado, cabe una relación etimológica del primer elemento Idu con el Ida de la mitología y la literatura griega (tanto el Monte Ida frigio (1774 m de altitud), como la sierra Lévka Óri, en Creta (con el Monte Ida de 2456 m. como pico más alto y la Gruta Ida), cuyo nombre IDA significaba en griego directamente sierra con bosques, monte, madera (Diccionario Griego-Español SPES), si bien, puede ser la raíz id- de origen pre-griego. Probablemente en el III-er millenio a.C. la lengua tracia formaba un estrecho grupo con el Báltico, el Dacio y las lenguas "Pelásgicas" pre-griegas. (Ivan Duridanov, internet)
La raíz *id- estuvo muy extendida por Oriente Medio e incluso utilizada en nombres de persona: Idmon en Argonautas: Apollodoro 1.9.22 (visionario, inspirado, profeta), Idaea una ninfa: Apollodoro 3.11.2, Idaea-2 hija de Dardanus. Homero se refería al monte «Ida de mil fuentes y numerosos animales salvajes».
Nos dice Estrabón que, doblando el promontorio de Lecto, se extiende el golfo Ideo o golfo Adramiteno, que está limitado por los promontorios opuestos de Gárgara y Pirra. El promontorio que avanza en Tróade es llamado Lecto, situado en la travesía costera desde Ténedos hasta Lesbos.
También en Tracia se da este topònimo:
Ide (Skyl.) – ciudad del Quersoneso Tracio (Galipoli). Se explica por la forma IE *uidhu- ‘árbol, bosque’ en Antiguo-Ir. fid, genitivo fedo ‘árbol, árboles, bosque’, el Antiguo Islandés. vidr ‘bosque, árboles, árbol’, el Antiguo alto-alemán witu, wito ‘árbol’. La inicial “v” desapareció bajo la influencia griega. Idmon, antes mencionado, “visionario, inspirado, profeta” sería, como druida, de esta misma raíz.
Idakos (Tucídides) – otra ciudad del Quersoneso Tracio. De *Vidak-, derivado del mismo *uidhu- ‘.
3.-Resumiendo (conclusión):
Preferimos la etimología indoeuropea.Si IDU (de raíz indoeuropea) evoca montes altos y cubiertos de bosques y BEDA (tanto de raíz vasca como también indoeuropea) alude a entrada, paso, camino, puerto, canal, etc., IDUBEDA sería la Cordillera de las cumbres boscosas (sagradas) y los puertos que la cruzan. El nombre de los puertos por los que se atraviesa la sierra han dado su nombre a los montes contiguos: comparar entre otros muchos Somosierra (sierra y puerto), Guadarrama (sierra y puerto).
LOS LÍMITES ORIENTALES DE LA CELTIBERIA
Para la determinación del confín oriental de la Celtiberia se parte invariablemente de la información transmitida por Estrabon (III, 4, 12) de que tal límite es la cordillera “Idubeda” y, en consecuencia, se han trazado tradicionalmente diversos mapas de la Celtiberia, con su núcleo en la Cordillera Ibérica y el valle del Jalón, en los que se apreciaba el punto de más notable proximidad al Mar Mediterráneo justamente en la zona de Segorbe, donde solía situarse la divisoria entre íberos y celtíberos (Untermann). Pero la Idubeda llega hasta las inmediaciones del Mar Mediterráneo con la Sierra de Espadán, que se baña en las mismas aguas del mar en Peñíscola, Oropesa, y Benicasim. En la costa alicantina se da una situación comparable.
Recientemente ya ha visto la luz algún mapa más en el que se muestra el límite de la Celtiberia alcanzando al Mar Mediterráneo en una franja costera de cierta amplitud, precisamente la nuestra de Castellón (Kyryl Babaev, en internet, una web de cierto Instituto de Moscú de Estudios Indoeuropeos, que patrocina el prestigioso foro “Cybalist”).
Avieno, vistos desde el Sur, sitúa a los beribraces más allá del río Turia llevando una vida paupérrima y los estudios al respecto desde Schulten los quieren ver en el Maestrazgo, la Sierra de Espadán y el valle alto del Palancia, extendiéndose hasta los linderos con el llano. Alberto Iniesta relaciona la llegada de los beribraces con la penetración en el Maestrazgo y tierras valencianas de elementos clasificables como de la primera Edad del Hierro céltico, que parecen proceder fundamentalmente de la cultura del Bajo Aragón. Con posterioridad, la expansión celtibérica afectaría y encubriría el estrato de población representado por los beribraces.
Pero este sistema montañoso, por lo menos en la parte recayente al Mediterráneo sería más bien una tierra de nadie y un nexo de unión todo lo débil que se quiera entre íberos y celtíberos, siempre más favorable en nuestra zona que en cualquier otra por la menor altura de las montañas y por la comunicación de los valles del Mijares, el Palancia, el Turia y el Júcar, por no citarlos todos. Dadas las características de uno y otro pueblo, tendería a ser ocupada la parte montañosa por los celtíberos antes que por los íberos, acostumbrados los primeros desde siempre a condiciones de vida más austeras y siendo su preferencia las tierras altas muy apropiadas para sus hábitos de vida en pequeños poblados y para las frecuentes incursiones en el área a su alcance. Precisamente esta palabra “incursión” figura entre las detectables en el léxico celta de que disponemos: *IND-TO-ARE-UKS-RET-, de RET (correr) combinado el verbo con varios preverbios o preposiciones (dentro, hacia, cerca, arriba, etc.), según McCone.
Justamente el sistema de expansión basado en incursiones o pequeñas acciones aisladas y esporádicas es tan característico de los celtas en las zonas limítrofes de su territorio, que ha recibido un nombre metafórico especial, “gun shots” (algo así como disparos de escopeta, perdigonazos, etc.) por parte de algún destacado investigador anglosajón como es el caso de Renfrew (término del que se hace eco buena parte de quienes tratan el tema). Esta idea de Renfrew es inseparable de la otra suya más general de la “celticidad acumulativa” a pequeñas dosis en lugar de invasiones por grandes oleadas. (P.e.: Julio César cuenta que por cerca de su campamento en Ilerda vio pasar una caravana de 20.000 celtas, hombres mujeres y niños, que cruzaban los Pirineos desde la Galia en dirección a Hispania).
Es curioso el enfoque de Blas Taracena (Historia de España Menéndez Pidal, Tomo I***, página 215) respecto de los olcades (según Livio “ apéndice” de los carpetanos), los lobetanos (Lobetum) y los turboletas (Teruel). Admite a los primeros como celtíberos, sin mayor dificultad (ubicados en la Alcarria), pero le queda en el aire la reducción de Althea; y a los lobetanos y turboletas (bebrices o beribraces) los considera incluidos en la expansión política de los Celtíberos en el siglo II a. C., época de su mayor poderío, ocupando un área que no es ya la Celtiberia en sentido racial, pero sí bajo su dominio.
Henri Hubert afirma que “los celtas no dejaron de penetrar en los territorios ibéricos de la costa, sin que parezca que los mermaran seriamente. La abundancia de topónimos en todo el territorio celta con el significado de altura y de altura fortificada (Uxó, por ejemplo, añadimos) es muy significativa. Estos nombres respiran la inseguridad, el estado de guerra o de peligro de guerra y podemos imaginarnos a los celtas de España repartidos en formaciones dispersas en medio de las poblaciones ligures y vigilando los estados ibéricos de fuerza militar considerable en custodia de los fértiles valles del Sur y del Este que los celtas fueron impotentes para arrancarles y más que una población continua los celtas alcanzarían aquí solamente una cadena de puestos”. Admite este sabio erudito francés que “pequeñas bandas de celtas se hayan podido fijar en zona de iberos pero han dejado poca huella porque o se han asimilado o han pasado a través de las mallas de la Historia”.
La situación descrita en el párrafo anterior podría ser la de una de tantas regiones que en la antigüedad se encontraban en el mismo caso de rudos montañeses de escasa integración en el Estado o incluso en el Imperio en el que les tocaba vivir y en el que se mantenían en un estado de insumisión e incluso de violencia no totalmente mal vista entre los clásicos, quizá por tratarse de poblaciones poco numerosas, nómadas o trashumantes, confinadas en las mesetas y partes altas de las montañas, proviniendo su género de vida de épocas más antiguas, anteriores a la existencia de organizaciones estatales, aunque se perpetuaran en ellas, no ejerciendo sobre ellas más que un control nominal. Era una situación conocida y aludida por los escritores clásicos con el nombre de “lesteia” entre los griegos y “latrocinium” entre por los romanos (como se puede comprobar en las reseñas de la guerras celtibéricas). “Bagaudas” es la palabra celta que designa a los individuos librados a este género de vida.
Perfectamente definidos están, entre otros, el caso de Etolia, cuyos habitantes sin salirse de su modo de vida tradicional casi como bandidos llegaron a dominar la Grecia central-occidental (al norte del golfo de Corinto) mediante una confederación quasi-institucionalizada, que desempeñó un papel decisivo en el rechazo de los invasores galos, luego llamados gálatas, que llegaron a profanar el santuario de Delfos (años 280/279 a. de C.). El escenario de las batallas fue el mismo que en el 480 a. de C. frente a los persas: el paso de las Termópilas.
Los Uxii , en el corazón del Imperio Persa, en el monte Parachoatras, son mencionados por Arrian en su “Anábasis de Alejandro” como un ejemplo similar.
Otro caso de bandidaje en las altas montañas fue la región de Isauria, en las laderas septentrionales de los montes Tauros, en Anatolia, cuyo principal poblado Isaura (hoy Zengibar Kalesi) escogió para esblececerse en él y reforzar sus defensa el Gálata Amyntas. Los términos isaurio y bandido llegaron a ser sinónimos. Como en el caso de los celtíberos, estos gálatas (también celtas) proporcionaron numerosos mercenarios y fuerzas auxiliares a los romanos, pero con el transcurso del tiempo, en el siglo IV de nuestra era organizaron su independencia y los romanos tuvieron que fortificar su “limes Isauricus” para contenerles. A finales del siglo V colocaron a su jefe Zenón en el trono imperial de Constantinopla y, en curioso paralelismo con los irlandeses, estos celtas de oriente también tuvieron una temprana cristiandad floreciente.
Se podría citar también en el Norte de Cerdeña la región de GALLURA habitada antiguamente por los gallilenses: Pausanias (7.17.3) nos refiere que “parece que hubo cierta agitación durante el período de la Guerra Civil en Roma del 68-69 y el reinado de Vespasiano, porque este emperador rápidamente regresó a la Isla y la devolvió a la autoridad del Senado y Nerón la reintegró a la “porción” del Emperador” (CIL 108023-4). Un episodio bien atestiguado de esta época es el hostigamiento a unos colonos agricultores llamados Patulcenses por la tribu indígena conocida como los “Gallilenses” (CIL 10-7852 = ILS 5947), que son usualmente interpretados en este caso como pastores sin ley invasores de una pacífica comunidad agrícola.
Como vemos, en alejados y extensos escenarios varios se relacionan modos de vida semejantes protagonizados por el mismo pueblo (los indoeuropeos), de cuya lengua todavía quedan hoy como testigos compartidos, en lugares distantes, topónimos y nombres personales.
Martín Almagro Basch en la HISTORIA DE ESPAÑA de Ramón Menéndez Pidal dedica un amplísimo capítulo a esta cuestión en el que se muestra arrastrado a entender que se produjo una “gran indoeuropeización y una gran celtización en todo el Levante español”, idea a la que habrá que volver sin cesar con todo detenimiento, porque ésa la tendencia actual, con nuevos datos y enfoques teóricos, admitiendo que en la franja costera mediterránea se mezclaron la cultura y las gentes iberas con las indoeuropeas, celtas o preceltas, no siempre con predominio del mismo signo..
A. Tovar y J. M. Blázquez afirman en su Historia de la Hispania Romana que “a Fulvio Flaco se debe la pacificación de la que se puede llamar la CELTIBERIA EXTERIOR, es decir, entre el Ebro y el Saltus Castulonensis, INCLUYENDO LA VERTIENTE ORIENTAL DEL SISTEMA IBERICO, las serranías de Cuenca y la Mancha”.
Los Ólcades....Corominas....................
Se puede señalar algún que otro indicio, como en las inscripciones ibéricas de los plomos de de la necrópolis de l’Orleyl, donde aparece cuatro veces la palabra TURANE, que J. Untermann y F. Villar consideran un topónimo indoeuropeo, no ibérico, precelta, con mayor probabilidad que un antropónimo, en cuyo caso sería la denominación más antigua que se conoce del río o de algún poblado de Vall de Uxó. La doctora Guadalupe López Monteagudo despliega largos argumentos en favor de la penetración celta o indoeuropea en el Levante peninsular:
Cerámica excisa y digitada en yacimientos de Vinarragell y de Borriol, placas de cinturón rectangulares con acanalados en Albacete, Alicante y Valencia, así como escudos rectangulares típicos de La Tène en cerámica de Liria, Oliva y zona de Alicante.
En la Vía Augusta, en la zona de Caldas de Malavella, las inscripciones de los Vasos de Vicarello señalan la mansión de Aquis Vocontis, en cuyo nombre se reconoce el pueblo celta de los Vocontii, “los veinte clanes” en la lengua celta, anteriormente establecidos en el valle del Ródano entre este río y el Durance en la segunda guerra púnica junto con los Tricastini según Tito Livio, registrándose también por otras fuentes la presencia de voconcios y cavaros entre Valence y Avignon; los voconcios dieron un notable historiador a la literatura latina, Trogo Pompeyo conocido en la posteridad a través del resumen de su obra realizado por el también historiador Justino.
Corominas sostiene que el rio Bergantes proviene de Ad Brigantias, de la raíz característica celta BRIGA y tambiés es celta “la Balma” en la misma zona. Los brigantes eran asimismo la tribu celta más populosa de Gran Bretaña y su nombre significaba “los habitantes de las montañas”, cuya capital era Isurium, Aldborough, en el condado actual de York (Eburacum, Eburodunum), cubierto de fortalezas desde, por lo menos, la edad del Hierro, luego oppida celtas construidos sobre el mismo lugar, posteriormente fuertes romanos (Uxellodunum, Uxellodamo, hoy Stanwick y Castlesteads, casi desaparecidos). Ganó fama local la diosa Brigantia y fue célebre su reina Cartimandua.
Balmay, Balmaz, Balme, Balmes, Balmette, Balmey, Balmotte, Bama, Bâmatte, Bâme, Bâmes, Barma, Barmasse, Barmay, Barmaz, Barme, Barmé, Barmeché, Barmes, Barmette, Barmettes, Barmus, Baulmes, Baumaz, Baume, Baumes, Baumettaz, Baumette, Baumettes, Baumine
Grotte, cavité, abri sous roche, falaise, par extension et dans certaines régions coteau, éminence. Bas latin balma, balmensis, « abri sous roche », gaulois balma, « grotte, trou dans le rocher ». (Citar la fuente, + de 30 topónimos sólo en Suiza)
Podemos prolongar esta serie de datos que nos muestran la presencia de celtíberos cerca de nuestra costa mediterránea y considerar que esta presencia no era exclusivamente militar o mercenaria, sino que se descubren nombres celtas entre los titulares de importantes magistraturas de las ciudades del Este y del Sudeste:
Diodoro cita en el área levantina a un príncipe celtibérico de nombre Allucio quien trabó alianza con Escipión en Cartagena en el año 209 a. de C. y Tito Livio a otro caudillo de nombre celta, Tancino, que en el año 141 a. de C. es vencido por Pompeyo en Edetania
En Sagunto, Biulacos era un magistrado monetal, funcionario importante, y Tito Livio nos habla largamente Alorco y también de Abilux, un hispano distinguido, noble, mediador y tránsfuga quien logró quedaran libres los rehenes hispanos retenidos por Aníbal en gran número en Sagunto. Es de notar que Tito Livio, cuando se refiere a los hispanos, parece significar a los celtíberos, puesto que a los iberos, quizá como más conocidos para él, los suele designar por nombres específicos, como saguntinos, etc.
Hay autor que piensa que Ilici es un claro nombre celta y en la Alcudia de Elche puede contemplarse un mosaico helenístico, donde se repite dos veces y muy visiblemente el nombre celta de Sailacos, quien a juzgar por la riqueza del pavimento debió pertenecer a la minoría dirigente junto a otros muchos personajes ibéricos.
Plinio aseguraba que los celtíberos llegaban hasta la Albufera de Valencia, aserción muy verosímil porque la comunicación de la Celtiberia con la Albufera es directa siguiendo los cursos de los ríos Magro (Utiel) y el barranco de Chiva-Torrente, y, aunque este aserto fue tenido por una exageración, se han descubierto posteriormente unos plomos ibéricos en Yátova, cerca de Buñol, donde de lo poco que se lee con claridad es la mención de unos “keltiberes”, ¿celtíberos? (Fletcher; aunque no todo el mundo lo comparte), aparte de que la comunicación de la Celtiberia con la Albufera es directa como queda dicho mediante pequeños cursos fluviales de desagüe de las tierras interiores.
En el área de la Muela de Cortes se encuentra el monte Cinto Cabra (1017 m) junto a la “Cañada de Arriba” (Gabro Sintos, camino de cabras ), El Cinto de los Abates (Río Magro) y la Sierra de las Cabrillas; sigue la cañada hasta Bicorp, Onesa, en dos direcciones, a) Río Júcar, Navarrés, Sumacárcer, Antella; b) Balbaite, Chella, Anna, Alcudia de Crespins o Enguera. Sintoniza con otros lugares donde hay así llamados ‘camino de cabras’ (gabro-sinto, en la Galia y en Britannia). La etimología de ‘cinto’ puede ser ambigua (aplicable a monte o a camino), si bien Cinto Cabra parece un calco de Gabro Sinto, Camino de Cabras, como en Mocófar (Castellón), donde termina la cañada procedente de Montanejos y pasando por la Sierra de Espadán entre Peñalva y Sumet, en término de Vall de Uxó.
Patricia de Bernardo Stempel en un artículo en italiano “Grafemica e fonología del celtibérico” (Religión, Lengua y Cultura Prerromanas de Hispania, 8º Coloquio 1999 Salamanca, pág. 329) señala lo siguiente:
“ s.e.t.i.z.a (K. 19. I) /Sentiza/ < *Senti-dya: gall. Sentidius, sentu- ‘sendero’ ”.
Son numerosos los testimonios que demuestran una penetración recíproca, establecimientos ibéricos en territorio de marcado carácter celta y presencia de celtas en zonas de inequívoca catalogación ibérica, atestiguada lo mismo por nombres de lugar, que de persona, que por restos arqueológicos, como una tumba celtíbera en “Estacar de Robarinas”, una necrópolis ibérica en pleno Cástulo.
Una muestra de esta fuerte interrelación es la adopción por parte de los Celtíberos de la escritura ibérica, alfabeto o silabario, para utilizarla en su propia lengua celta.
Se puede observar, pues, que la CELTIBERIA no se queda en Segorbe como su límite más oriental, sino que invade, con mayor o menor intensidad todo el Sistema Ibérico, Sierra de Espadán y Maestrazgo incluidos. Ni en Segobriga como límite más meridional, pues según Corominas, los Ólcades (étimo de Olocau, nombre de dos municipios de la Comunidad Valenciana: Olocau del Rey, situado en el noroeste de la provincia de Castellón, comarca de Los Puertos de Morella, limítrofe con la provincia de Teruel, que lo rodea casi totalmente; y Olocau (Valencia), comarca del Campo de Turia, en la vertiente meridional del Parque Natural de la Sierra Calderona.) ocuparon las tierras altas valencianas (Utiel, Requena), se proyectaron en dirección a la costa (Altea), intentaron llegar a la costa por Sagunto al inicio de la segunda guerra púnica, etc.
Entre los contestanos hubo infiltraciones célticas que pudieron ser avanzadas de los ólcades: Bélgida en la prov. de Valencia, cerca de Albaida, con fácil acceso a Gandía y al mar.
Nota de Menéndez Pidal: «Peña Cadiella, llamada Pennacatel en la Historia latina del Cid, y Peñacadell en varios documentos, es la moderna sierra de Benicadell, que, en el límite de las provincias de Valencia y Alicante, separa los valles de Albaida, al Norte, y de Cocentaina, al Sur. El Cid reedificó el castillo de Benicadell en el año 1092; era un punto estratégico que aseguraba el camino de Valencia y Játiva a Alcoy y Alicante.»
Ésa es al menos la agresiva imagen que nos han legado de los celtas los autores clásicos, como podemos comprobar en el siguiente texto de Diodoro Sículo (V 32, 5): "Desde antiguo su anhelo ha sido invadir y saquear las tierras de otros y despreciarlo todo. Fueron ellos quienes tomaron Roma, quienes saquearon el santuario de Delfos, quienes impusieron tributos a gran parte de Europa y también a una parte no desdeñable de Asia." A lo que cabría añadir que al final siempre acabarían perdiendo, por su escaso sentido práctico.
Joan Corominas en su Tópica Hespérica, Tomo I, nota al pie de la página 90, dice lo siguiente: “Mi sabio maestro D. Pedro Bosch Gimpera:...En Tolomeo se atribuye a los ólcades Segobriga (Cabeza del Griego, cerca de Saelices, una de las varias Segobrigas, a la que Plinio llamaba Caput Celtiberiae), Valeria (Valera de Abajo), Laxta (Iniesta) y Ergavica (al N. de Segobriga), de la prov. de Cuenca. Quizá Cuenca fue también de ellos, y por los hallazgos de necrópolis hallstátticas y la relación geográfica con Cuenca yo les atribuiría hasta el límite con la provincia de Teruel (necrópolis de Pajarón y Pajaroncillo en la región de Cañete), así como las comarcas de Sta. Cruz de Moya, Utiel y Requena, estos ya en la provincia de Valencia; su límite extremo pudo ser Cofrentes al N. de Ayora y de la fortaleza ibérica de Meca (de los iberos del SE., tal vez los contestanos). Entre los contestanos hubo infiltraciones célticas que pudieron ser avanzadas de los ólcades: Bélgida en la prov. de Valencia, y las supervivencias posthallstátticas en la urnas de la necrópolis de Oliva, límite de las prov. de Valencia y Alicante. El nombre de los contestanos ha sido interpretado frecuentemente como céltico (así, creo, en Holder). Los ólcades serían el grupo avanzado de la oleada de los belgas, que al penetrar desde el Duero hacia el Jalón, empujó a los turones hacia el Jiloca y Teruel, extendiéndose los turones hasta la otra Segóbriga (Segorbe) y tratando de llegar a la costa por Sagunto (inicio de la guerra púnica). Una vez ocupado el Jalón por los belli y titti, las avanzadas belgas de los olcades se desbordarían hacia la prov. de Cuenca ocupando las tierras altas hasta los límites de la Mancha; y allí el límite con los contestanos lo marca El Hito al S. de Saelices. Desde la región de Valera de Abajo a la de Valverde, sobre la carretera Madrid-Valencia, seguirían por donde pasa la carretera actual en dirección a Motilla del Palancar y, pasados los desfiladeros de la Minglanilla, hacia Utiel, Requena y el intento de penetración en la costa valenciana. Al S. del Júcar hay necrópolis posthallstátticas en Valdeganga y Casas Ibáñez, que hacen pensar, junto con la topografía, que tal vez llegaron hasta Albacete. La proyección de los olcades en dirección a la costa y la ocupación de las tierras altas valencianas (Utiel, Requena) coincide con la zona que habla castellano y no valenciano, y yo he pensado siempre que en esta celtización estuvo quizá la razón de la diferencia de lengua, apoyada en una población más afín a la del centro de España que a la de la costa, ibérica”.
Tras esta introducción examinaremos más detalles, en otros artículos, sobre la evidencia de raíces indoeuropeas en nuestra toponimia mediterránea.
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Recientemente ya ha visto la luz algún mapa más en el que se muestra el límite de la Celtiberia alcanzando al Mar Mediterráneo en una franja costera de cierta amplitud, precisamente la nuestra de Castellón (Kyryl Babaev, en internet, una web de cierto Instituto de Moscú de Estudios Indoeuropeos, que patrocina el prestigioso foro “Cybalist”).
Avieno, vistos desde el Sur, sitúa a los beribraces más allá del río Turia llevando una vida paupérrima y los estudios al respecto desde Schulten los quieren ver en el Maestrazgo, la Sierra de Espadán y el valle alto del Palancia, extendiéndose hasta los linderos con el llano. Alberto Iniesta relaciona la llegada de los beribraces con la penetración en el Maestrazgo y tierras valencianas de elementos clasificables como de la primera Edad del Hierro céltico, que parecen proceder fundamentalmente de la cultura del Bajo Aragón. Con posterioridad, la expansión celtibérica afectaría y encubriría el estrato de población representado por los beribraces.
Pero este sistema montañoso, por lo menos en la parte recayente al Mediterráneo sería más bien una tierra de nadie y un nexo de unión todo lo débil que se quiera entre íberos y celtíberos, siempre más favorable en nuestra zona que en cualquier otra por la menor altura de las montañas y por la comunicación de los valles del Mijares, el Palancia, el Turia y el Júcar, por no citarlos todos. Dadas las características de uno y otro pueblo, tendería a ser ocupada la parte montañosa por los celtíberos antes que por los íberos, acostumbrados los primeros desde siempre a condiciones de vida más austeras y siendo su preferencia las tierras altas muy apropiadas para sus hábitos de vida en pequeños poblados y para las frecuentes incursiones en el área a su alcance. Precisamente esta palabra “incursión” figura entre las detectables en el léxico celta de que disponemos: *IND-TO-ARE-UKS-RET-, de RET (correr) combinado el verbo con varios preverbios o preposiciones (dentro, hacia, cerca, arriba, etc.), según McCone.
Justamente el sistema de expansión basado en incursiones o pequeñas acciones aisladas y esporádicas es tan característico de los celtas en las zonas limítrofes de su territorio, que ha recibido un nombre metafórico especial, “gun shots” (algo así como disparos de escopeta, perdigonazos, etc.) por parte de algún destacado investigador anglosajón como es el caso de Renfrew (término del que se hace eco buena parte de quienes tratan el tema). Esta idea de Renfrew es inseparable de la otra suya más general de la “celticidad acumulativa” a pequeñas dosis en lugar de invasiones por grandes oleadas. (P.e.: Julio César cuenta que por cerca de su campamento en Ilerda vio pasar una caravana de 20.000 celtas, hombres mujeres y niños, que cruzaban los Pirineos desde la Galia en dirección a Hispania).
Es curioso el enfoque de Blas Taracena (Historia de España Menéndez Pidal, Tomo I***, página 215) respecto de los olcades (según Livio “ apéndice” de los carpetanos), los lobetanos (Lobetum) y los turboletas (Teruel). Admite a los primeros como celtíberos, sin mayor dificultad (ubicados en la Alcarria), pero le queda en el aire la reducción de Althea; y a los lobetanos y turboletas (bebrices o beribraces) los considera incluidos en la expansión política de los Celtíberos en el siglo II a. C., época de su mayor poderío, ocupando un área que no es ya la Celtiberia en sentido racial, pero sí bajo su dominio.
Henri Hubert afirma que “los celtas no dejaron de penetrar en los territorios ibéricos de la costa, sin que parezca que los mermaran seriamente. La abundancia de topónimos en todo el territorio celta con el significado de altura y de altura fortificada (Uxó, por ejemplo, añadimos) es muy significativa. Estos nombres respiran la inseguridad, el estado de guerra o de peligro de guerra y podemos imaginarnos a los celtas de España repartidos en formaciones dispersas en medio de las poblaciones ligures y vigilando los estados ibéricos de fuerza militar considerable en custodia de los fértiles valles del Sur y del Este que los celtas fueron impotentes para arrancarles y más que una población continua los celtas alcanzarían aquí solamente una cadena de puestos”. Admite este sabio erudito francés que “pequeñas bandas de celtas se hayan podido fijar en zona de iberos pero han dejado poca huella porque o se han asimilado o han pasado a través de las mallas de la Historia”.
La situación descrita en el párrafo anterior podría ser la de una de tantas regiones que en la antigüedad se encontraban en el mismo caso de rudos montañeses de escasa integración en el Estado o incluso en el Imperio en el que les tocaba vivir y en el que se mantenían en un estado de insumisión e incluso de violencia no totalmente mal vista entre los clásicos, quizá por tratarse de poblaciones poco numerosas, nómadas o trashumantes, confinadas en las mesetas y partes altas de las montañas, proviniendo su género de vida de épocas más antiguas, anteriores a la existencia de organizaciones estatales, aunque se perpetuaran en ellas, no ejerciendo sobre ellas más que un control nominal. Era una situación conocida y aludida por los escritores clásicos con el nombre de “lesteia” entre los griegos y “latrocinium” entre por los romanos (como se puede comprobar en las reseñas de la guerras celtibéricas). “Bagaudas” es la palabra celta que designa a los individuos librados a este género de vida.
Perfectamente definidos están, entre otros, el caso de Etolia, cuyos habitantes sin salirse de su modo de vida tradicional casi como bandidos llegaron a dominar la Grecia central-occidental (al norte del golfo de Corinto) mediante una confederación quasi-institucionalizada, que desempeñó un papel decisivo en el rechazo de los invasores galos, luego llamados gálatas, que llegaron a profanar el santuario de Delfos (años 280/279 a. de C.). El escenario de las batallas fue el mismo que en el 480 a. de C. frente a los persas: el paso de las Termópilas.
Los Uxii , en el corazón del Imperio Persa, en el monte Parachoatras, son mencionados por Arrian en su “Anábasis de Alejandro” como un ejemplo similar.
Otro caso de bandidaje en las altas montañas fue la región de Isauria, en las laderas septentrionales de los montes Tauros, en Anatolia, cuyo principal poblado Isaura (hoy Zengibar Kalesi) escogió para esblececerse en él y reforzar sus defensa el Gálata Amyntas. Los términos isaurio y bandido llegaron a ser sinónimos. Como en el caso de los celtíberos, estos gálatas (también celtas) proporcionaron numerosos mercenarios y fuerzas auxiliares a los romanos, pero con el transcurso del tiempo, en el siglo IV de nuestra era organizaron su independencia y los romanos tuvieron que fortificar su “limes Isauricus” para contenerles. A finales del siglo V colocaron a su jefe Zenón en el trono imperial de Constantinopla y, en curioso paralelismo con los irlandeses, estos celtas de oriente también tuvieron una temprana cristiandad floreciente.
Se podría citar también en el Norte de Cerdeña la región de GALLURA habitada antiguamente por los gallilenses: Pausanias (7.17.3) nos refiere que “parece que hubo cierta agitación durante el período de la Guerra Civil en Roma del 68-69 y el reinado de Vespasiano, porque este emperador rápidamente regresó a la Isla y la devolvió a la autoridad del Senado y Nerón la reintegró a la “porción” del Emperador” (CIL 108023-4). Un episodio bien atestiguado de esta época es el hostigamiento a unos colonos agricultores llamados Patulcenses por la tribu indígena conocida como los “Gallilenses” (CIL 10-7852 = ILS 5947), que son usualmente interpretados en este caso como pastores sin ley invasores de una pacífica comunidad agrícola.
Como vemos, en alejados y extensos escenarios varios se relacionan modos de vida semejantes protagonizados por el mismo pueblo (los indoeuropeos), de cuya lengua todavía quedan hoy como testigos compartidos, en lugares distantes, topónimos y nombres personales.
Martín Almagro Basch en la HISTORIA DE ESPAÑA de Ramón Menéndez Pidal dedica un amplísimo capítulo a esta cuestión en el que se muestra arrastrado a entender que se produjo una “gran indoeuropeización y una gran celtización en todo el Levante español”, idea a la que habrá que volver sin cesar con todo detenimiento, porque ésa la tendencia actual, con nuevos datos y enfoques teóricos, admitiendo que en la franja costera mediterránea se mezclaron la cultura y las gentes iberas con las indoeuropeas, celtas o preceltas, no siempre con predominio del mismo signo..
A. Tovar y J. M. Blázquez afirman en su Historia de la Hispania Romana que “a Fulvio Flaco se debe la pacificación de la que se puede llamar la CELTIBERIA EXTERIOR, es decir, entre el Ebro y el Saltus Castulonensis, INCLUYENDO LA VERTIENTE ORIENTAL DEL SISTEMA IBERICO, las serranías de Cuenca y la Mancha”.
Los Ólcades....Corominas....................
Se puede señalar algún que otro indicio, como en las inscripciones ibéricas de los plomos de de la necrópolis de l’Orleyl, donde aparece cuatro veces la palabra TURANE, que J. Untermann y F. Villar consideran un topónimo indoeuropeo, no ibérico, precelta, con mayor probabilidad que un antropónimo, en cuyo caso sería la denominación más antigua que se conoce del río o de algún poblado de Vall de Uxó. La doctora Guadalupe López Monteagudo despliega largos argumentos en favor de la penetración celta o indoeuropea en el Levante peninsular:
Cerámica excisa y digitada en yacimientos de Vinarragell y de Borriol, placas de cinturón rectangulares con acanalados en Albacete, Alicante y Valencia, así como escudos rectangulares típicos de La Tène en cerámica de Liria, Oliva y zona de Alicante.
En la Vía Augusta, en la zona de Caldas de Malavella, las inscripciones de los Vasos de Vicarello señalan la mansión de Aquis Vocontis, en cuyo nombre se reconoce el pueblo celta de los Vocontii, “los veinte clanes” en la lengua celta, anteriormente establecidos en el valle del Ródano entre este río y el Durance en la segunda guerra púnica junto con los Tricastini según Tito Livio, registrándose también por otras fuentes la presencia de voconcios y cavaros entre Valence y Avignon; los voconcios dieron un notable historiador a la literatura latina, Trogo Pompeyo conocido en la posteridad a través del resumen de su obra realizado por el también historiador Justino.
Corominas sostiene que el rio Bergantes proviene de Ad Brigantias, de la raíz característica celta BRIGA y tambiés es celta “la Balma” en la misma zona. Los brigantes eran asimismo la tribu celta más populosa de Gran Bretaña y su nombre significaba “los habitantes de las montañas”, cuya capital era Isurium, Aldborough, en el condado actual de York (Eburacum, Eburodunum), cubierto de fortalezas desde, por lo menos, la edad del Hierro, luego oppida celtas construidos sobre el mismo lugar, posteriormente fuertes romanos (Uxellodunum, Uxellodamo, hoy Stanwick y Castlesteads, casi desaparecidos). Ganó fama local la diosa Brigantia y fue célebre su reina Cartimandua.
Balmay, Balmaz, Balme, Balmes, Balmette, Balmey, Balmotte, Bama, Bâmatte, Bâme, Bâmes, Barma, Barmasse, Barmay, Barmaz, Barme, Barmé, Barmeché, Barmes, Barmette, Barmettes, Barmus, Baulmes, Baumaz, Baume, Baumes, Baumettaz, Baumette, Baumettes, Baumine
Grotte, cavité, abri sous roche, falaise, par extension et dans certaines régions coteau, éminence. Bas latin balma, balmensis, « abri sous roche », gaulois balma, « grotte, trou dans le rocher ». (Citar la fuente, + de 30 topónimos sólo en Suiza)
Podemos prolongar esta serie de datos que nos muestran la presencia de celtíberos cerca de nuestra costa mediterránea y considerar que esta presencia no era exclusivamente militar o mercenaria, sino que se descubren nombres celtas entre los titulares de importantes magistraturas de las ciudades del Este y del Sudeste:
Diodoro cita en el área levantina a un príncipe celtibérico de nombre Allucio quien trabó alianza con Escipión en Cartagena en el año 209 a. de C. y Tito Livio a otro caudillo de nombre celta, Tancino, que en el año 141 a. de C. es vencido por Pompeyo en Edetania
En Sagunto, Biulacos era un magistrado monetal, funcionario importante, y Tito Livio nos habla largamente Alorco y también de Abilux, un hispano distinguido, noble, mediador y tránsfuga quien logró quedaran libres los rehenes hispanos retenidos por Aníbal en gran número en Sagunto. Es de notar que Tito Livio, cuando se refiere a los hispanos, parece significar a los celtíberos, puesto que a los iberos, quizá como más conocidos para él, los suele designar por nombres específicos, como saguntinos, etc.
Hay autor que piensa que Ilici es un claro nombre celta y en la Alcudia de Elche puede contemplarse un mosaico helenístico, donde se repite dos veces y muy visiblemente el nombre celta de Sailacos, quien a juzgar por la riqueza del pavimento debió pertenecer a la minoría dirigente junto a otros muchos personajes ibéricos.
Plinio aseguraba que los celtíberos llegaban hasta la Albufera de Valencia, aserción muy verosímil porque la comunicación de la Celtiberia con la Albufera es directa siguiendo los cursos de los ríos Magro (Utiel) y el barranco de Chiva-Torrente, y, aunque este aserto fue tenido por una exageración, se han descubierto posteriormente unos plomos ibéricos en Yátova, cerca de Buñol, donde de lo poco que se lee con claridad es la mención de unos “keltiberes”, ¿celtíberos? (Fletcher; aunque no todo el mundo lo comparte), aparte de que la comunicación de la Celtiberia con la Albufera es directa como queda dicho mediante pequeños cursos fluviales de desagüe de las tierras interiores.
En el área de la Muela de Cortes se encuentra el monte Cinto Cabra (1017 m) junto a la “Cañada de Arriba” (Gabro Sintos, camino de cabras ), El Cinto de los Abates (Río Magro) y la Sierra de las Cabrillas; sigue la cañada hasta Bicorp, Onesa, en dos direcciones, a) Río Júcar, Navarrés, Sumacárcer, Antella; b) Balbaite, Chella, Anna, Alcudia de Crespins o Enguera. Sintoniza con otros lugares donde hay así llamados ‘camino de cabras’ (gabro-sinto, en la Galia y en Britannia). La etimología de ‘cinto’ puede ser ambigua (aplicable a monte o a camino), si bien Cinto Cabra parece un calco de Gabro Sinto, Camino de Cabras, como en Mocófar (Castellón), donde termina la cañada procedente de Montanejos y pasando por la Sierra de Espadán entre Peñalva y Sumet, en término de Vall de Uxó.
Patricia de Bernardo Stempel en un artículo en italiano “Grafemica e fonología del celtibérico” (Religión, Lengua y Cultura Prerromanas de Hispania, 8º Coloquio 1999 Salamanca, pág. 329) señala lo siguiente:
“ s.e.t.i.z.a (K. 19. I) /Sentiza/ < *Senti-dya: gall. Sentidius, sentu- ‘sendero’ ”.
Son numerosos los testimonios que demuestran una penetración recíproca, establecimientos ibéricos en territorio de marcado carácter celta y presencia de celtas en zonas de inequívoca catalogación ibérica, atestiguada lo mismo por nombres de lugar, que de persona, que por restos arqueológicos, como una tumba celtíbera en “Estacar de Robarinas”, una necrópolis ibérica en pleno Cástulo.
Una muestra de esta fuerte interrelación es la adopción por parte de los Celtíberos de la escritura ibérica, alfabeto o silabario, para utilizarla en su propia lengua celta.
Se puede observar, pues, que la CELTIBERIA no se queda en Segorbe como su límite más oriental, sino que invade, con mayor o menor intensidad todo el Sistema Ibérico, Sierra de Espadán y Maestrazgo incluidos. Ni en Segobriga como límite más meridional, pues según Corominas, los Ólcades (étimo de Olocau, nombre de dos municipios de la Comunidad Valenciana: Olocau del Rey, situado en el noroeste de la provincia de Castellón, comarca de Los Puertos de Morella, limítrofe con la provincia de Teruel, que lo rodea casi totalmente; y Olocau (Valencia), comarca del Campo de Turia, en la vertiente meridional del Parque Natural de la Sierra Calderona.) ocuparon las tierras altas valencianas (Utiel, Requena), se proyectaron en dirección a la costa (Altea), intentaron llegar a la costa por Sagunto al inicio de la segunda guerra púnica, etc.
Entre los contestanos hubo infiltraciones célticas que pudieron ser avanzadas de los ólcades: Bélgida en la prov. de Valencia, cerca de Albaida, con fácil acceso a Gandía y al mar.
Nota de Menéndez Pidal: «Peña Cadiella, llamada Pennacatel en la Historia latina del Cid, y Peñacadell en varios documentos, es la moderna sierra de Benicadell, que, en el límite de las provincias de Valencia y Alicante, separa los valles de Albaida, al Norte, y de Cocentaina, al Sur. El Cid reedificó el castillo de Benicadell en el año 1092; era un punto estratégico que aseguraba el camino de Valencia y Játiva a Alcoy y Alicante.»
Ésa es al menos la agresiva imagen que nos han legado de los celtas los autores clásicos, como podemos comprobar en el siguiente texto de Diodoro Sículo (V 32, 5): "Desde antiguo su anhelo ha sido invadir y saquear las tierras de otros y despreciarlo todo. Fueron ellos quienes tomaron Roma, quienes saquearon el santuario de Delfos, quienes impusieron tributos a gran parte de Europa y también a una parte no desdeñable de Asia." A lo que cabría añadir que al final siempre acabarían perdiendo, por su escaso sentido práctico.
Joan Corominas en su Tópica Hespérica, Tomo I, nota al pie de la página 90, dice lo siguiente: “Mi sabio maestro D. Pedro Bosch Gimpera:...En Tolomeo se atribuye a los ólcades Segobriga (Cabeza del Griego, cerca de Saelices, una de las varias Segobrigas, a la que Plinio llamaba Caput Celtiberiae), Valeria (Valera de Abajo), Laxta (Iniesta) y Ergavica (al N. de Segobriga), de la prov. de Cuenca. Quizá Cuenca fue también de ellos, y por los hallazgos de necrópolis hallstátticas y la relación geográfica con Cuenca yo les atribuiría hasta el límite con la provincia de Teruel (necrópolis de Pajarón y Pajaroncillo en la región de Cañete), así como las comarcas de Sta. Cruz de Moya, Utiel y Requena, estos ya en la provincia de Valencia; su límite extremo pudo ser Cofrentes al N. de Ayora y de la fortaleza ibérica de Meca (de los iberos del SE., tal vez los contestanos). Entre los contestanos hubo infiltraciones célticas que pudieron ser avanzadas de los ólcades: Bélgida en la prov. de Valencia, y las supervivencias posthallstátticas en la urnas de la necrópolis de Oliva, límite de las prov. de Valencia y Alicante. El nombre de los contestanos ha sido interpretado frecuentemente como céltico (así, creo, en Holder). Los ólcades serían el grupo avanzado de la oleada de los belgas, que al penetrar desde el Duero hacia el Jalón, empujó a los turones hacia el Jiloca y Teruel, extendiéndose los turones hasta la otra Segóbriga (Segorbe) y tratando de llegar a la costa por Sagunto (inicio de la guerra púnica). Una vez ocupado el Jalón por los belli y titti, las avanzadas belgas de los olcades se desbordarían hacia la prov. de Cuenca ocupando las tierras altas hasta los límites de la Mancha; y allí el límite con los contestanos lo marca El Hito al S. de Saelices. Desde la región de Valera de Abajo a la de Valverde, sobre la carretera Madrid-Valencia, seguirían por donde pasa la carretera actual en dirección a Motilla del Palancar y, pasados los desfiladeros de la Minglanilla, hacia Utiel, Requena y el intento de penetración en la costa valenciana. Al S. del Júcar hay necrópolis posthallstátticas en Valdeganga y Casas Ibáñez, que hacen pensar, junto con la topografía, que tal vez llegaron hasta Albacete. La proyección de los olcades en dirección a la costa y la ocupación de las tierras altas valencianas (Utiel, Requena) coincide con la zona que habla castellano y no valenciano, y yo he pensado siempre que en esta celtización estuvo quizá la razón de la diferencia de lengua, apoyada en una población más afín a la del centro de España que a la de la costa, ibérica”.
Tras esta introducción examinaremos más detalles, en otros artículos, sobre la evidencia de raíces indoeuropeas en nuestra toponimia mediterránea.
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