miércoles, 15 de agosto de 2018


Estrabón decía: “Montada la cumbre del Idubeda, al momento se daba el primer paso en la Celtiberia”. “La Celtíberia producía toda clase de plantas. La parte vecina del Mediterráneo estaba llena de viñas, olivos, higueras y otros árboles cuyos frutos eran excelentes”.
Cabe la posibilidad de que los Ólcades habitaran inicialmente también la alta y extensa Cordillera Idubeda integrados o contiguos a los Beribraces (pueblos del castor) y fueran también pastores montañeses: Olocau del Rey (Castellón), Alacuás y Olocau (Valencia).
Los Beribraces continuaron siendo sólo ganaderos y los Ólcades, además, cultivarían huertas y buscarían terrenos cada vez más extensos y fértiles, siguiendo el curso de los ríos y manantiales, para lo cual tenían que ir descendiendo a los llanos.
Progresivamente alcanzaron la costa mediterránea, el pingüe suelo de las huertas (olcas) de Castellón (empezando por el Maestrazgo), Valencia, Alicante, Murcia, así como la Mancha, la Alcarria, las cuencas del Guadalquivir y del Ebro, la mesopotamia Tajo-Guadiana, etc. Aunque con diversa intensidad, se detecta su presencia ólcade en la mayor parte de la Península Ibérica.
Con el progreso de la agricultura y su adopción por otros Celtíberos irían llamándose a su vez también Olcades (agricultores) en sentido lato, junto a los Olcades iniciales propiamente dichos.
Otros celtíberos de diversas etnias pudieron ser también llamados Olcades de algún modo por el hecho de llegar ser también agricultores y obviamente de cultivar olcas (huertas), conservando a la vez sus nombres étnicos. Constan en documentos importantes como el Bronce de Alcántara y los Bronces de Botorrita (con la palabra “olca”) relativos a reparto de tierras.  
Nota: El término Celtíberos tampoco es unívoco: En Bilbilis (ciudad prerromana situada sobre la colina de Bámbola, a orillas del río Jalón, en la localidad de Huérmeda, cercana a Calatayud) y su zona próxima los Celtíberos eran, según Marcial (él mismo era celtíbero), descendencia genética de Celtas e Íberos. En el resto de la Península serían, en general Celtas de Iberia, conservando además sus nombres ancestrales (arévacos, vacceos, lobetanos, turboletas, etc.).
Así pues, en otros muchos lugares habitados por celtas habría huertas (olcas) pero no en todos ellos se llamaban ólcades sus habitantes, sino que conservaban el nombre tradicional de su etnia. De tales circunstancias resulta en la mayor parte de la Península Ibérica un buen número de topónimos ólcades coherentes:
1.    Son lugares todos donde existía una indudable práctica agrícola y pequeños vicos junto a una fortaleza grande necesaria para la defensa del conjunto.
2.    Tenían contactos comerciales con la costa mediante las cuencas de los ríos Júcar, Cabriel, Magro, Turia, Segura, con sus propios establecimientos y con los enclaves griegos.
Aníbal atacó la Cart-althia del Sur (Altea), la Cartalia del Norte (Castellón) y Cartaia pueden ser ciudades distintas con el mismo nombre: Cart- = ciudad, (Enrique Flórez?) y encontró en los Ólcades la fuente de un enorme botín, suministros para su ejército y mercenarios.
Mantua, Villamanta, Bandua, Mando: eran nombres celtas para los caminos y para las ciudades junto a los mismos.  
En la batalla del Tajo, en el 222 a. C. se aliaron contra Anibal los Ólcades con los Carpetanos y los Vacceos (la llamada Coalición Celtibérica). Con la victoria de Aníbal empezó bruscamente la desaparición de los ólcades.
Ciertos Ólcades fueron atacados constantemente por Aníbal desde 221 a. de C. hasta 218 a. de C.  además de los Oretanos y Lobetanos de Albarracín y Teruel.
Tras la conquista de Sagunto por Aníbal y su marcha sobre Roma, los ólcades residuales que ya no necesitaba, fueron expatriados al Norte de África donde cayeron en el olvido.
Pero los ólcades dejaron en España sus olcas o huertas, los vicos, los castillos para su explotación y defensa y sus correspondientes topónimos celtas.